“Así que un disco titulado La zona sucia, de sonido más acústico que se publica el día de los enamorados… Oh, Nacho Vegas, esto no puede ser verdad. “Qué le vamos a hacer”, respondió lacónico él cuando le dijeron que aquella era la mejor fecha para la salida. Realmente (aunque la realidad sea un fastidio), ni el álbum trata específicamente sobre el amor, ni carece de guitarras eléctricas, ni esa zona sucia alude al impuro cinturón del deseo” (Pablo Gil). Incluye canciones ya clásicas como: “La gran broma final”, “Taberneros”, “Perplejidad” o “El mercado de Sonora”.