“Pidiendo en las puertas del infierno” es el disco más extraño que hemos hecho. El diccionario dice: “Extraño, que es muy distinto de lo habitual, natural o normal y tiene algo de extraordinario o inexplicable que excita la curiosidad, sorpresa o admiración.” Después de nuestro segundo disco queríamos hacer algo diferente, hacer algo distinto a lo que, para nosotros, es habitual. Así que decidimos cambiar todo el proceso. Nunca habíamos llegado al estudio sin ensayar. Nunca habíamos creado una canción casi desde cero y grabarla directamente. Nunca habíamos escrito y vomitado tanta letra. Nunca habíamos grabado sin guitarras y mucho menos sin bajo. Nunca habíamos hecho una canción en la que los únicos instrumentos acústicos fueran la batería y la voz. Nunca habíamos grabado un disco en apenas ocho días. Nunca habíamos sido tan directos. Nunca habíamos cantado así.

Cambiar todo para seguir siendo los de siempre pero sentir que somos nuevos. Lo único que hemos mantenido son las personas, queríamos saber dónde podíamos llegar trabajando con los mismos de siempre, en familia y en hermandad. Repetimos con Ricky Falkner y Santos & Fluren y ellos también han cambiado con nosotros al servicio de esta nueva búsqueda. Todo como siempre pero todos haciéndolo tan diferente que por momentos estuvimos perdidos, pero encontrar un camino nuevo es mucho más divertido que conducir siempre por la misma autopista.

Vivimos en la época de la estandarización absoluta de todas las cosas, todo es tan igual que nos hace explotar y crear discos nuevos. Es difícil analizarse a uno mismo pero tengo la sensación de que es un disco rabioso y enfadado. Una catarsis de todo el odio que llevamos dentro. Nos desnudamos para sobrevivir al vacío en el que vivimos. Seguimos el camino luminoso y lleno de obstáculos de ser uno mismo.