Por David Saavedra

¿Cuánto tiempo llevamos aquí?
No lo sé. He perdido la cuenta.

(Diálogo de El Ángel Exterminador, de Luis Buñuel, 1962)
Parece que Fernando Alfaro siempre ha estado aquí, y puede que hayamos perdido la cuenta. Como una obsesión fantasmal o quién sabe si premonitoria, las referencias a El Ángel Exterminador ya estaban presentes —en múltiples variantes— en las canciones de Surfin’ Bichos, el grupo con el que inseminó al pop independiente español entre 1989 y 1994. El Ángel se volvió Turbio con Chucho, su siguiente paso evolutivo, entre 1995 y 2005. Luego, brevemente, Surfin’ Bichos se volvieron a reunir para tocar en directo en las condiciones estelares de las que habían carecido en su primera encarnación. Y en 2007, la Nueva Carne tomó la forma de “Carnevisión”, un álbum firmado bajo el nombre de Fernando Alfaro y los Alienistas. Luego, muchos le dieron por desaparecido. Él, tal vez, sólo se encontraba en una casa o en un palacio de los que le resultaba complicado salir.

“Vi El Ángel Exterminador siendo muy joven, y al final siempre ha estado ahí”, comenta el músico de Albacete, afincado en Barcelona desde hace un año. Un hombre nuevo y, al tiempo, el mismo hombre de siempre. Capaz de comenzar su nuevo álbum desde el más buñuelesco de los lugares. De hecho, lo hace con un sample del mismo diálogo con el que encabezamos este texto y, a continuación, cantando: “Al despertar en este coche negro / que se parece sospechosamente a un féretro”. “Llevaba dos o tres días encerrado en un hotel antes de que me llevaran a un sitio, era una situación como terminal, y después de eso me han sucedido cosas mucho más vitales. Me parecía una buena forma de abrir el disco”, dice él acerca de Extintor de infiernos, el tema que estuvo a punto de titular un álbum que finalmente se llama La vida es extraña y rara y que va exactamente de eso.

“Antonio Luque decía que componía por la sensación de absurdo”, reflexiona Alfaro. “Supongo que eso, la extrañeza, es una de las cosas que te empujan a hacer canciones y sucederá con otras formas de creación”. Formas ahí presentes porque, como él dice, “todo es influencia”. Dos datos dispersos: se tiró seis meses viendo todas las películas de Stanley Kubrick para Habitación 237, un montaje audiovisual sobre el autor de La Naranja Mecánica que puso en marcha junto al cineasta José Manuel Borrajeros para el Festival de Cine de Albacete (Abycine). Haciendo pinitos con la pintura, se fijó en un detalle de La estación de Perpiñán, de Salvador Dalí y se lo pasó al ilustrador Joaquín Gómez Gálvez para que éste le diese su forma en la portada del álbum. “Las películas, los libros… son también vivencias que a veces incluso sientes más intensamente que las cosas que te pasan. No podemos estar a salvo de nada, ni siquiera de la publicidad. Siempre haces ficción, pero el material es la vida real, y esa también puede ser una película o un libro. Hay mucho en el disco de mi peripecia vital en los últimos años, en la que me han pasado cosas muy raras”. Y no precisamente en un sentido negativo: estamos ante un trabajo que asume la extrañeza de la existencia para abrazarla con más fuerza que nunca, llegar al fondo de ella en toda su intensidad. “Nunca sentí la vida como ahora que la pierdo”. “No soy nada sino mi dolor, sólo dolor”. “Tan certero es mi amor / que hasta por tus heridas sangro yo” son sólo algunas de las líneas extraídas de un disco tan emocionante y visceral como lo que Alfaro siempre ha entregado. O incluso más. Y sin malditismos, por favor: su humor canino aparece también con más nitidez que nunca. “Yo creo que desde el principio ha habido cosas que tenían algo humorístico y que la gente se ha tomado en serio, pero eso me pasa en la vida real también”, reflexiona un hombre convencido de que en ella no hay un guión “y si lo hay lo ha hecho un psicópata. La vida, en realidad, es como si Dios fuera Charlie Kaufman”.